21 de ene. de 2015

¿DÓNDE ESTÁ EL SINDICATO? RÉPLICA PARCIAL Y DESORDENADA



No me gusta demasiado propagar mi punto de vista más allá de círculos razonables y prefiero utilizar espacios abiertos pero no demasiado concurridos. No aspiro a liderar audiencias ni a sumar “visitas” a mi blog. Solo me siento obligado a participar en este debate sobre el asunto sindical que ocupa estos días la atención de compañer@s y amig@s. Para mi es una obligación moral escribir estas frases, quizá un tanto desordenadas, pero que quieren añadir algo de propuesta a los meros diagnósticos.  Yo también creo que hay cierto ensimismamiento, aunque no comparto del todo las “culpas” o las “críticas” que se expresan, creo que con cierta injusticia. Sí que es verdad que los sindicatos se parecen demasiado a esos personajes ciclotímicos de las películas de algunos autores de culto.

Mi punto de vista es el de un actor neutral entre las organizaciones sindicales de clase, pero que se ha implicado con cierto activismo en la defensa de la acción sindical.  Nunca he militado en ninguna organización confederal interna, aunque alguna vez –hace ya años- he participado, de forma simbólica, en listas electorales. En los últimos lustros, mi función arbitral en las elecciones me ha exigido mantenerme al margen de la vida cotidiana de cualquiera de las tres centrales más representativas que hay en Galicia. Sin embargo he colaborado con todas ellas, he participado en muchas de sus actividades y mantengo lazos amistosos con personas que militan en cualquiera de las tres. Creo que conozco razonablemente su funcionamiento interno, sus preocupaciones, sus desajustes, sus fortalezas y sus debilidades. También, el trance por el que están pasando.

Por tanto, que se me permita expresar la idea central desde el principio: la crisis indudable que padecen está más producida por factores exógenos que endógenos y no se manifiesta en todas las afirmaciones que se expresan. Sí en algunas, desde luego. No es una crisis de liderazgo, tampoco de democracia interna, ni desde luego de falta de perspectiva. Hay gran cansancio, eso sí, después de un importante desgaste a partir de la crisis económica y la respuesta del poder público a la misma. Hay, desde luego, episodios y conductas muy censurables que, por desgracia, se han generalizado en ciertos espacios. Y, por supuesto, deben ponerse en marcha ciertas iniciativas de cambio, estratégicas, políticas y normativas.

A partir de lo cual, habría que entrelazar reflexiones, desmentidos y propuestas. Es algo injusto imputar excesiva burocracia en los tiempos que corren. Más bien, se ha producido un desmantelamiento de gran parte de las estructuras organizativas por problemas financieros bien conocidos. No solo derivados de la objetiva situación económica, sino también del linchamiento político que han padecido. La merma de sus ingresos a través de subvenciones directas e indirectas, la disminución del pago por servicios objetivos que prestan, el recorte de las funciones que les encomiendan los poderes públicos…Es un sarcasmo que primero se provoque la asfixia económica y luego se critique el amparo de los sindicatos en las normas que ellos mismos combaten –en particular, las de despidos colectivos-. Pero el resultado objetivo es un sindicato adelgazado, en el que sus empleados pierden sus puestos de trabajo en condiciones más o menos duras y que, por supuesto, tiene menor capacidad operativa para prestar servicios a la clase trabajadora. Claro que todo esto tiene su lado positivo: una de las grandes difamaciones clásicas consiste en afirmar que los sindicatos son organizaciones cuyo sostenimiento es casi en exclusiva público. Ya antes de la crisis eso era una gran mentira, pero ahora habría que poner de manifiesto que se sostienen mayoritariamente a partir de las cuotas de sus afiliados. Es verdad que la afiliación se encoge, al compás de lo que sucede en toda Europa –por cierto, en porcentajes menores, todo sea dicho-. Con todo, si la estructura organizativa genera servicios, habría que preguntarse cuáles deberían dejar de prestarse. Porque, si han de servir a colectivos más amplios, la burocracia es necesaria. También es frecuente la crítica de ese adelgazamiento en términos de que no se han disminuido ciertos ingresos de los líderes sindicales. Sin restar toda la razón a este comentario, habría que añadir que gran parte de los ingresos atípicos de las organizaciones sindicales son finalistas.

Yo comparto la querencia por un modelo de sindicato fuerte y centralizado, que evite "atomizaciones" que lo debilitan. Por eso defiendo la necesidad de cierto grado de burocracia que, desde luego, no es incompatible con la eficacia de su actuación en el rank and file. Todo lo contrario. Pero para eso es necesario cultivar y defender las estructuras descentralizadas.

El tema de las estructuras descentralizadas es, sin duda, uno de los debates más interesantes y resulta muy difícil sintetizar en pocas palabras muchas cuestiones. Claro que la pequeña empresa está desamparada. Claro que es difícil la acción sindical en la empresa –aunque hay evidentes signos de adaptación, pese a los palos en las ruedas que pusieron los legisladores del PSOE y del PP con esas comisiones específicas de representantes sumisos que inventó la reforma de 2010-. Claro que el aparato tiene que adaptarse. Pero quiero creer que la adaptación no implica desmontar las estructuras federales sectoriales o multisectoriales (¿o hay que abandonar la apuesta estratégica por la acción sindical sectorial?) La presencia sindical en la empresa tiene más complicaciones hoy en día, entre otros motivos porque se enfrenta a una empresa envalentonada y que juega un partido en un campo muy inclinado a su favor. No solo por la acción o inacción del legislador, sino también por la actuación de unos tribunales tradicionalmente muy adversos. Solo últimamente el Tribunal Supremo comienza a enmendarse con una doctrina más abierta hacia el nombramiento de delegados sindicales. Con todo, puestos a proponer, habría que plantear ciertas reformas legales muy necesarias, sobre todo en el Tít. II ET que consistirían básicamente en: 1) votación universal en todos los centros de trabajo con independencia del número de trabajadores de cada uno de ellos, de tal modo que se elegirían representantes multi-empresa en las pequeñas organizaciones productivas; 2) cómputo de la representatividad por número de votos, no por número de representantes; 3) consiguiente desvinculación de la condición de representante electo y trabajador en las empresas de menos de 50 trabajadores; 4) eliminación del difuso concepto “centro de trabajo” a efectos electorales; 5) atribución de un representante en dichas pequeñas empresas por cada diez votantes.

Luego, en torno a la afiliación, habría que hablar con menos complejos de las cláusulas de seguridad sindical. Cuando el Tribunal de Luxemburgo ha puesto de manifiesto que no son siempre inadmisibles, ¿no habría que revisar nuestra LOLS tal alérgica a ellas? Es un campo de trabajo interesante, en el que otros sistemas de relaciones laborales aparentemente más virtuosos que el nuestro para la Comisión Europea –léase, el elegante Reino de Dinamarca- parece que tienen menos problemas. Si no son necesariamente contrarias al art. 11 del Convenio de Roma, estas cláusulas de incentivo de la afiliación, ¿son siempre contrarias a la regla “Fraga Iribarne” del art. 28.2 de la Constitución de la afiliación negativa?

Ya sé que estas propuestas son muy ingenuas en el contexto actual. Pero, por favor, que nadie diga que nuestro sistema es en la actualidad “trade unions friendly”. Es muy mal encarado con los sindicatos. Pero, en cuanto en tanto sean propuestas ilusas, la adaptación a la empresa solo puede producirse con un gran esfuerzo militante y con un intenso trabajo en las unidades electorales. Claro que florecen candidaturas corporativas, “independientes” e incluso sucede aisladamente que los candidatos de los sindicatos de clase concluyen yellow dog contracts con la empresa a cambio de migajas de representatividad. Por supuesto que hay conductas criticables en las elecciones e incluso elecciones que solo se producen en las actas electorales. Pero nunca un proceso fue tan importante como el actual. Hay que pelear palmo a palmo por cada espacio de representación. Y el adversario no es la organización de clase concurrente, está en  otro sitio.

En cuanto a la huelga, mi percepción es de cierto rebrote de la conflictividad en el centro de trabajo, en una tradición como la nuestra, desde luego, en la que el número de horas perdidas por huelga ha sido relativamente bajo. Este rebrote, sin embargo, viene de la mano de una fortísima réplica en términos de acciones penales, pero también de acciones de ilegalidad. Nunca la empresa tuvo tanta pasión por obtener declaraciones judiciales de huelga ilegal. Hay, claramente, un redimensionamiento de la acción colectiva desde los ámbitos más generales a los más particulares. Pero, ¿no es esto razonable, al menos en parte?

Podría seguir mucho más, pero hay que terminar. Por si alguien continuara leyendo: no me parece que la diferencia entre trabajadores del sector público y privado desaparezca, creo que más bien avanzará en el futuro, porque es esperable que sólo en aquél la afiliación se mantendrá en unos índices más o menos razonables. Basta con ver qué ha sucedido en los marcos más liberales de relaciones laborales. Y tampoco me parece que se esté desatendiendo a los atípicos. No creo que sea bueno aceptar ese discurso de que solo se defiende a los insiders. Cosa distinta es que resulta más difícil proteger a los precarios, por todas las circunstancias que los rodean. O a los autónomos, ¿qué va a pasar cuando, como cabe esperar, el Tribunal de Luxemburgo declare contrarios a la competencia los acuerdos de TRADES?¿Tendrán también la culpa los sindicatos? Claramente, la dualidad se corrige manteniendo los derechos de los fijos. Porque afectar éstos es el preludio inmediato de nuevas reglas que pisotean más a los atípicos. Esa es nuestra historia, muy claro.


Entretanto, el sujeto sindical no está desaparecido. Solo se está lamiendo las heridas, un poco desconcertado.

11 de ene. de 2015

EL MERCADO LABORAL EN LOS INICIOS DE 2015 (publicado na Voz de Galicia, 11 xaneiro 2015)



No es razonable la diferencia tan inmensa que existe en el análisis de la situación del mercado de trabajo que hacen unos y otros, en función de las siglas políticas a las que se adscriban. Podría concluirse que falta objetividad por ambas partes. Que unos quieren exagerar una realidad de tenue recuperación del empleo y otros despreciar unos evidentes signos de mejora, por discretos que éstos sean. Desde luego que no quiero erigirme en juez de una disputa en la que se me achacará parcialidad. Con todo, detrás de las opiniones hay una realidad tozuda que puede sintetizarse en cuatro afirmaciones básicas: 1) se está creando empleo a un ritmo discreto, pero empleo de muy baja calidad. 2) Decrece el desempleo por motivos más importantes que la propia creación de empleo. 3) Se incrementa la pobreza de la población activa y demandante de empleo. Y 4) se vuelve a poner de manifiesto que las reformas estructurales del mercado de trabajo tienen muy poco que ver con la mejora de la coyuntura laboral.

Que se crea empleo es una realidad estadística irrefutable. Hacia noviembre 2014 ha aumentado claramente el número de contratos formalizados y también el número de personas ocupadas. En particular, este último se ha situado próximo a las cifras absolutas anteriores a 2008. Aunque no se ha alcanzado el dinamismo tan grande que existió en el cuatrienio 2004-2008, también es verdad que la tasa de crecimiento ha sido mucho menor. Estos datos, desnudos de otros complementarios, justificarían cierto grado de optimismo, dentro de la prudencia necesaria debida al tan elevado número de desempleados que aparece en todas las estadísticas. Sucede, sin embargo, que hay elementos mucho más negativos e igualmente irrefutables. Por ejemplo, la malísima correlación entre contratos indefinidos y temporales, que nos retrotrae a la realidad de los primeros años de la década pasada. Es curioso comprobar que los indefinidos sufrieron un breve repunte a mediados de 2012, sin duda a causa de ese engendro de contrato de apoyo a emprendedores –por cierto, contrario a la Carta Social Europea, de acuerdo con la doctrina  de su órgano de aplicación- y que no han vuelto a incrementarse hasta el segundo semestre de 2014, en una tendencia que está por ver si se consolida y que se muestra como muy tenue.

En esta dialéctica entre contratos indefinidos y temporales ha emergido con fuerza el trabajo a tiempo parcial, que ahora constituye casi el 40 por 100 del total de la contratación. Podría pensarse que esta evolución es buena, pues sitúa el porcentaje de contratos a tiempo parcial en unos niveles próximos a otros sistemas de relaciones laborales especialmente dinámicos y virtuosos. Pero no es así, porque no implica un incremento de las tasas de ocupación, sino una sustitución de trabajadores a tiempo completo por trabajadores a tiempo parcial. Puede decirse que el incremento de los contratos al que se asiste últimamente se explica solo en términos de aumento de los contratos a tiempo parcial. O incluso más: si se dejaran de considerar éstos, se habría perdido empleo neto en nuestro país. Es decir, se ha sustituido trabajo típico por trabajo atípico, precario y mal retribuido.

Hay algo paradójico y difícil de explicar, que es la coincidencia temporal entre mayor incidencia del trabajo a tiempo parcial y mayor brecha en la ocupación entre hombres y mujeres. Puede apreciarse que el empleo masculino ha repuntado un 70 por 100 más que el femenino y que el paro femenino ha disminuido menos de la mitad que el masculino. La conclusión es obvia: aunque se haya incrementado el trabajo a tiempo parcial de las mujeres, el que ha subido mucho es el de los varones. Y, si ha disminuido el desempleo debido al incremento de la parcialidad de la jornada y, a la vez, se ha sustituido trabajo a jornada completa por parcial, resulta evidente que ha emergido un trabajo a tiempo parcial involuntario y de mala calidad. Es decir, el que se diseñó legalmente en diciembre de 2013, con una reforma muy fuerte e injusta del empleo atípico. Que, por otra parte, provoca consecuencias muy desfavorables en términos de discriminación indirecta por razón de sexo, como ya puede apreciarse.

La diferencia entre el mercado de trabajo español y otros más eficaces es obvia: en éstos, en etapas recesivas se pierde poco empleo pero se incrementa el trabajo a tiempo parcial involuntario. En el nuestro –al menos en la situación actual- se pierde mucho empleo en crisis y se crea empleo de muy baja calidad cuando la coyuntura mejora.

El desempleo decrece porque disminuye el número de personas demandantes de empleo. Es decir, porque crece la ocupación, pero también por otros motivos con mayor incidencia real. Principalmente, porque se ha reactivado una emigración económica, sobre todo de demandantes de primer empleo con cualificación, que van a desarrollar fuera trabajo cualificado o no cualificado. Y también porque, al extinguirse la cobertura de desempleo –que ha alcanzado porcentajes inaceptables por lo bajos que son-, desaparecen los vínculos formales con los servicios públicos de empleo. Es probable que en todo ello exista un repunte del trabajo informal, pero hay que aludir, como causa fundamental, a la falta de expectativas laborales, sobre todo de que la población joven encuentre un trabajo decente.

Y la pobreza de la población activa y pasiva. Los efectos de una reforma de Seguridad Social –la del PSOE de 2011- muy agresiva con las rentas más bajas y con los trabajadores más vulnerables. La propia falta de protección por desempleo aludida, insuficientemente paliada con el salvavidas del Decreto-ley de diciembre 2014. También, las consecuencias de la reforma del PP de 2012, en términos de fuerte rebaja salarial y deterioro de las condiciones de trabajo. Todos estos factores, unidos a la debilidad de la recuperación macroeconómica –que no de la economía real- producen que  las desigualdades se ceben en las capas de la población débiles, cada vez más amplias.

Este relato describe, en justicia, la realidad. Solo la defensa política de la acción de gobierno permite afirmar que la reforma de 2012 ha servido para algo. Las reformas estructurales del mercado de trabajo “flexibilizadoras” solo han valido, desde hace mucho tiempo, para generar más dualidad, precariedad e inseguridad. Como la última, que solo se ha diferenciado de las anteriores por tener mayores ínfulas y ser más agresiva. Por fortuna, los operadores jurídicos poco a poco la van poniendo en su sitio, pese a la defensa política que de ella ha hecho el Tribunal Constitucional.
Jaime Cabeza Pereiro

8 de ene. de 2015

LA LIBRE DIFUSIÓN DE PENSAMIENTOS E IDEAS


¿Cómo no estar de acuerdo con la editorial de hoy, mancomunada entre El País y otros periódicos Europeos? La libertad de pensamiento y de opinión deben prevalecer, desde luego sobre los ataques terroristas como el que ayer padecieron las víctimas del atentado terrorista a Charlie Hebdo. La amenaza a la convivencia y a la libertad de conciencia y de expresión no nos deja indiferentes. Ahora bien, el asunto plantea una serie de interrogantes de difícil respuesta y que producen cierta incomodidad.

El primero de ellos se refiere al propio concepto de terrorismo. Cuando los que realizan un ataque lo hacen en nombre del extremismo islámico –como es el caso aparente de ayer-, no parece haber problemas. Pero nos produce cierta incomodidad esta expresión cuando las víctimas son, por ejemplo, civiles hebreos que viajan en un autobús y la acción se comete con la “justificación” del aplastamiento que sufre el pueblo palestino. Como, a la inversa, nos la produce cuando se utiliza el propio aparato del Estado para asesinar, lo cual, desde luego, no es patrimonio exclusivo de Israel, aunque a veces se haga con el camuflaje de ciertas organizaciones “pantalla”, como le ha sucedido, por ejemplo, al pueblo checheno. La geopolítica ha cambiado, y ya no nos cuesta condenar un atentado cometido por ciertos grupos armados que declinan en Latinoamérica, pero claramente tenemos varia varas de medir. Si la justificación contra las acciones terroristas no puede existir nunca -¿estamos unánimemente de acuerdo con esta premisa?-, nos falta cierta calidad democrática en la definición de qué es una acción terrorista. Sin que quepa admitir un concepto exageradamente amplio ni simplificar las realidades, hay cierta doble moral en todo este asunto.

El segundo se refiere a los límites de la libertad de expresión. Este es un asunto todavía más complicado y lleno de sobreentendidos. No se trata del tema fácil de si existe una supuesta responsabilidad social de no molestar a ciertos grupos peligrosos. Se trata, más bien, de la posibilidad de admitir la libre expresión de cualesquiera pensamientos. De cuáles son los límites. Es un asunto todavía más incómodo, sobre todo desde el punto de vista de un modesto profesor enfadado con cuánto se permite la restricción de la libre expresión e información en el mundo de las relaciones laborales. Pero también perplejo con la visión extrema que parte del mundo académico global hace con base en la famosa Primera Enmienda de la Constitución Americana. El lenguaje del odio, la expresión desproporcionadamente hostil hacia los otros, ¿cuáles son sus fronteras? Es muy fácil afrontar esta pregunta a golpe de reforma del Código Penal, pero sin una reflexión más general que trascienda el ámbito delictivo. ¿Dónde se incuba la intolerancia?, ¿qué pensamientos u opiniones no deberían ser objeto de libre difusión? No cabe duda de que la restricción no puede ser nunca la regla y de que solo las opiniones que generan directamente violencia no deben ser amparadas.


Y el tercero es el reverso del anterior: si tenemos hoy una tan justa indignación, ¿no hemos tolerado en nuestros sistemas de convivencia demasiados límites innecesarios a la libre expresión? ¿No hemos sido demasiadas veces demasiado sensibles en nuestra dignidad con comentarios que nos pueden molestar pero que no deberían prohibirse? Hoy nos conmueven las víctimas de una intolerancia demasiado radical. Pero los derechos ayer tan fuertemente agredidos también son diariamente limitados por conductas de baja intensidad que restan pluralidad y democracia a nuestra convivencia colectiva.

25 de dic. de 2014

A PARÁBOLA DA TAXISTA ROMANESA


 
O pasado 10 de decembro, á mañanciña, collín un taxi en Hull que me levou á estación de tren. A taxista era unha muller algo máis nova ca min de acenos moi educados e agradabeis. Axiña comezamos a conversar. Contoume no traxecto da miña casa á estación que era romanesa e que había tres anos se mudara a vivir de Bucarest a Hull, co seu home e a súa filla. En Bucarest traballara de directora dunha oficina bancaria, pero o seu salario apenas chegaba a 600 euros ao mes, contía que non lle abondaba para as necesidades familiares. Na actualidade, como autónoma do taxi, tiña asignada unha retribución de algo máis de 1000 libras ao mes que, coas achegas do seu home, lle permitían unha vida máis ou menos desafogada. Por máis que botaba de menos o seu país, estaba satisfeita da súa nova vida, aínda que algo alarmada polas intencións do goberno inglés cos inmigrantes. Ben é certo que deixara un traballo cualificado, pero cun salario indigno.

Despedímonos logo da carreira á estación e quedei matinando, namentres tomaba un café á espera da saída do tren, en que parella é a situación de Romanía e de Galiza e canto se están achegando últimamente. A emigración económica da xente nova cualificada que está sangando o noso futuro, como sempre. A nosa mocidade renuncia aos seus títulos e ás súas carreiras profesionais e marcha ao Norte de Europa a mellorar as súas capacidades noutros idiomas e a establecerse nas profesións que poidan obter. Porque o que lle espera aquí é, no mellor dos casos, un salario de menos de 700 euros que non poderán mellorar en moitos anos. Eis as consecuenzas desta reforma que aínda hai que escoitar como defenden algúns!

Dicíame esa muller que Romanía quedara despoboada de profesionais e que únicamente vivían alí as persoas sen posibilidade de marchar. Probablemente, o comentario teña algo de esaxeración, pero é o mesmiño que nos pasa a nós. É o que pretendeu o Partido Popular: achegarnos aos modelos produtivos búlgaros, romaneses e dos países máis pobres de Europa. Converter nosa clase traballadora en persoas subcualificadas con salarios de pobreza sen capacidade de consumir no mercado interno. En tanto que outras partes de Europa crezan, que Galiza manteña súa espiral de encollemento, destrución e desaparición a longo prazo. Galiza e outras partes do Estado, agás as máis dinámicas.

En Galiza as causas de que baixe o desemprego –e de que non creza tanto cando toca- son a morte, o avellentamento e a emigración. Desta, xa non marcha a xente non cualificada, que non a queren en ningures, únicamente a que ten estudos. Meus fillos, con seguridade, marcharán. Xa veremos para traballar en que. Estou certo de que nos próximos vinte anos, se ninguén o remedia, apuraremos na nosa andaina de despoboamento.

Non conto nada que non se saiba. O trasego de poboación do mundo subdesenvolvido cara a outras rexións máis dinámicas é unha constante no mundo. Que Galiza ten menos poboación hoxe que hai cincuenta anos é cousa sabida. Como que as empresas galegas desapareceron ou se fixeron madrileñas ou catalás. Pero que está moito peor que hai seis anos non o pode negar ninguén que teña a máis pequena obxectividade. Alguén lle pode dicir aos nosos estudantes que van ter un futuro profesional na nosa terra? Que van poder se construíren unha vida aquí? Eu non, desde logo. Moito terían que cambiar as cousas.

Seguro que, a nivel español, saberemos darlle resposta a esta devaluación social dos últimos anos. Pero en Galiza todo pinta peor. A taxista romanesa, ou os taxistas portugueses de Luxemburgo, terán compañeiros galegos, sen dúbida, con flamantes títulos de enxeñeiros, avogados ou químicos, entre outros.

21 de dic. de 2014

EL DECRETITO






Ayer sábado se publicó en el BOE el Real Decreto-ley 16/2014, de 19 de diciembre, por el que se regula el Programa de Activación para el Empleo, que supone la traslación normativa del acuerdo entre el Gobierno y las partes sociales firmado el pasado lunes 15 diciembre en el Palacio de la Moncloa. No voy a poner en cuestión la necesidad de la norma ni, en consecuencia, el trance de la fotito del lunes. Solo voy a plantear un par de comentarios que me parecen importantes a la vista del contenido de la norma de urgencia y que ponen de relieve algunos problemas. No tanto de técnica normativa –que es la justita- sino de cuestiones de fondo.

Empezando casi por el final, me llama la atención que se rescate del baúl de los trastos viejos la exoneración de las cotizaciones en el caso de suspensión o reducción de jornada por fuerza mayor, veintidós años más tarde. Porque esa exoneración es, en efecto, un trasto viejo. Habría que reflexionar en serio de una vez sobre las palancas de mantenimiento del empleo en torno al art. 47 del Estatuto de los Trabajadores y sus consecuencias en términos de Seguridad Social, después de las frívolas reformas de 2010 y 2012 en este tema. Rescatar un fósil no sirve para nada. Más bien habría que articular una reflexión que, sobre todo, analizara con realismo la situación de la pequeña empresa, que ni se plantea la suspensión casi nunca. Y que debatiera con realismo sobre el acompañamiento público a suspensiones y reducciones de jornada.

En segundo lugar, habría que preguntar por qué se excluye del concepto de desempleado a quien trabaje por cuenta ajena a tiempo parcial, con independencia de la jornada que realiza. Otra vez se nota esta tendencia tan conocida hacia crear estímulos a la no ocupación y hacia desentenderse de los trabajos marginales. Ya se sabe, hay muchas personas y muchas circunstancias para las que trabajar no merece la pena. Está claro cuáles.

Tercero, y ya entrando en la cuestión más enjundiosa. Como siempre, a estas normas les falta un hervor, y el más importante. Todo lo demás –obligaciones de los desempleados, régimen sancionador, cargas, incompatibilidades- está dicho. También, el contenido económico del derecho. Pero falta la prestación en especie. El art. 6 tan solo balbucea los lugares comunes y las frases hechas, que se resumen en dos: “tutor individual” e “itinerario personalizado”. Ya está. Uno duda de cuántos beneficiarios del programa van a tocar por tutor personalizado. Porque ahora las colas pueden ser no en cada oficina, sino en cada tutor “individual” a la vista de los efectivos de los servicios públicos de empleo. Pero, más en términos sustantivos, algún día habrá que tomarse en serio cómo se hace eso de la “empleabilidad”, qué compromisos concretos asume el SEPE al respecto, cómo se verifican y qué expectativa de derechos les asiste a los desempleados. Es decir, qué mínimo de garantías de empleo compromete el sistema y qué consecuencias tiene su frustración. Eso ya está inventado  por ahí fuera.

Y cuarto, llama la atención –bueno, debería de llamar la atención- que no aparezcan por ningún lado obligaciones hacia los servicios privados de empleo. Esos que se llevan la mermelada de los recursos públicos de empleo. Claro, las agencias privadas con ánimo de lucro solo tienen ese ánimo, lucrarse. Y, por lo tanto, solo tratar con los desempleados fáciles de emplear. No con estos colectivos de parados de larga duración, que no son su problema, sino del servicio público ¿Dónde están aquí  los convenios de colaboración?,  ¿cuántos tutores individuales deberían prestar, vg., las empresas de trabajo temporal?, ¿cuáles son las experiencias y capacidades que el sector privado debía poner a disposición de la causa? Respuesta del Real Decreto-ley: ese no es su problema. Ni siquiera para que tengan que pagar una piadosa contribución económica.


En resumen, solo espero que este Real Decreto-ley haya consumido poco tiempo en su elaboración. Porque si, por encima, ha sido trabajoso, es para echarse a llorar.

14 de dic. de 2014

LIBERTAD DE ESTABLECIMIENTO Y LIBRE COMPETENCIA: LOS DERECHOS DE LOS TRABAJADORES, POR LA ALCANTARILLA



 

Últimamente el Tribunal de Luxemburgo está dictando sentencias que convierten en chatarra partes importantes de nuestro ordenamiento jurídico. Hoy quiero comentar una de esas, que literalmente desmonta el sistema interno de regulación del trabajo de la estiba portuaria. Se trata del asunto Comisión y Reino de España C-576/13, sentencia de 11 diciembre 2014.

No es ahora el momento de criticar esta sentencia –lo haré, sin duda, en la revista especializada oportuna-, solo de describir el contexto y las consecuencias. A uno le da la impresión de que en la defensa del asunto el Ministerio de Fomento se comportó con deliberada torpeza. Es decir, que si al Reino de España le han condenado en costas, al Gobierno le ha dado la risa. Ya recortarán alguna prestación social para pagar, qué más da. Porque, una de dos, o la sentencia explica muy mal la defensa argumental de nuestro querido país o, resulta que el Ministerio no ha querido defenderse, sino eliminar alguna norma que impedía mayor pasteleo y jugosos contratos en los puertos.

A lo que voy: el Tribunal declara que vulnera el derecho de libre establecimiento la normativa española que impone a los operadores extranjeros inscribirse en la Sociedad Anónima de Gestión de Estibadores Portuarios y participar en el capital de ésta para desarrollar la actividad de manipulación de mercancías. Y también lo infringen las reglas de contratar prioritariamente a los trabajadores cedidos de relación laboral especial, así como la de contar con un mínimo de trabajadores sobre una base permanente.

Cualquiera que conozca un poco la estiba, sabe el horror que esto supone. Un sistema con imperfecciones, pero con lógica interna, totalmente desarbolado. Hace unos años era la disculpa de la libre competencia. Cuando más o menos las reglas se inmunizaron frente a ella, ahora es el libre establecimiento. Hace veinte años era Italia, con Merci Convencionali Porto di Genova, ahora nosotros. El argumento varía, pero el ataque es el mismo. La apuesta por el trabajo casual, por la inseguridad en el trabajo, por la constante disponibilidad. Se dirá que el régimen español estaba rodeado de excepciones, como un queso de gruyere, y es verdad, pero ahora desaparece la regla general. Se dirá también que el trabajo de estiba ahora es cualificado, y también es cierto. Pero cada vez son cosas más distintas la cualificación y las condiciones dignas de trabajo.

También deben reconocerse los excesos. Algunos sindicatos de la estiba han actuado de forma muy desafortunada al tratar el trabajo portuario como si fuera un cortijo suyo. Los problemas que ha habido en torno a la aprobación del IV Acuerdo Marco han demostrado la poca altura de miras de algún sindicato corporativo. Pero esta sentencia es terrible, y más todavía pensar en la cara de desternillarse de risa que deben tener los hombres de la puerta giratoria del Ministerio de Fomento. Por poco que hubiesen argumentado algo bien en torno a la necesidad de continuidad en el servicio y acerca de la necesidad de preservar derechos esenciales de los trabajadores, el recurso hubiera decaído. Pero para defender las justificaciones y su proporcionalidad no basta con insinuarlas, hay que argumentarlas.

Habrá que suplir el marco regulador. Creo que es el momento de que la estiba enseñe músculo. Los chicos de la Comisión Europea nos abocan a un conflicto mayúsculo. La defensa de los derechos de los trabajadores no va a venir regalada.

Para finalizar, hay que tener cuidadito con la sentencia del mismo tribunal de 4 diciembre 2014, asunto C-413/13, FNV Kunsten, porque los acuerdos de interés profesional de los TRADES corren cierto peligro. Cosas de la competencia y de un tribunal que, en su composición actual, desprecia y desconoce sin disimulo las políticas sociales. ¡Qué desagradable y poco ilusionante se está volviendo la Unión Europea!

13 de dic. de 2014

A EUROPA MISERENTA


 
Hoxe se recolle con gran luxo de detalles no “experiódico independiente de la mañana” as intencións do presidente da Comisión Europea de eliminar perto de 80 normas comunitarias. Por desgraza, o grupo do ECR, do que falaba o outro día, xa lle está a transmitir á Comisión o andazo de que hai demasiada Europa. Sobra Europa, hai que afortalar as competenzas nacionais, hai que restrinxir a acción dos órganos da Unión Europea aos asuntos aos que non  cheguen as competenzas estatais, hai que diminuír a burocracia…

Por suposto, as Directivas socias hainas que reconsiderar: a proposta de revisión da Directiva de maternidade, como exemplo simbólico, ten que decaer porque a amplación do permiso está fora da axenda política. E, aínda que non aparece nos medios, a de desprazamentos trasnacionais de traballadores está en vía morta, ao tempo que sentenzas do Tribunal de Xustiza afondan máis na ferida da libre prestación de servizos. Iso si, as políticas europeas de inmigración teñen que articularse máis, para dar cumprida satisfacción á axenda política dalgúns partidos. É dicir, o grupo Popular Europeo “abarloado” con Marine Le Pen, Nigel Farage, Geert Wilders e a súa troula, para regocixo e esmorga de Cameron e Václav Klaus. É dicir, inmigración “controlada” de traballo cualificado, nada máis, “que non veña ninguén a pedir esmola”. E reforzamento da loita contra a inmigración irregular. Aparentemente, esa é a “nova” e “democrática” Europa.

Ao mesmo tempo, esa mensaxe cutre de que a Unión Europa xa non ten que crecer máis logo de Croacia. Por suposto, pechada a arela que tantos sentimos de achegar o mundo musulmán e, en particular, de integrar á República Turca, nuns anos tan convulsos na nación de Atatürk. Europa sempre no aquén do Bósforo, como se polo estreito non cabera a Declaración de Schumann.

Outra nova decepción. Algúns pensabamos que Jean-Claude Junker sería un político con máis vocación europea que o seu insignificante predecesor. Pero non, o “realismo” lle entrou nas veas como unha heroína destrutiva. É que esta é a Europa que debe prevalecer? Cando xusto foi a folga xeral en Italia pola reforma laboral, hai que decatarse de que algo moito máis grave está a pasar. Que Europa se encolle como un tecido vello. Un ten que pedirle algo máis, moita máis belixerancia á ETUC e, por suposto, á esquerda no Parlamento de Estrasburgo. E, en particular, esixirlle aos “socialdemócratas” de Martin Schulz que despexen as dúbidas que hoxe nos caben a moitos verbo da súa complicidade con esta Comisión tan envelenada.

12 de dic. de 2014

LGTBI

Ayer finalmente pude recibir el libro de Fernando Lousada y mío de LGTBI. Me alegro de que él me haya embarcado en esta historia, porque merecía la pena. Lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales se merecían este pequeño esfuerzo y mucho más. Con toda mi solidaridad -y la de Fernando, doy por supuesto-.


6 de dic. de 2014

CAMERON E OS SEUS CONMILITÓNS


 
O pasado martes participei nun seminario relativo ao grupo parlamentario dos “Euro conservadores e reformistas” –ECR-. Un profesor novo da Universidade de Lancaster, Martin Steven, fixo unha moi interesante introducción a un amplo debate verbo deste grupo parlamentar no que discutimos do papel que vai xogar. En número, é o terceiro, xusto por detrás dos socialdemócratas e por diante dos liberais. É moi complexo ter seguridades, porén si que cómpre prantexar hipóteses do que vai ser a liña de actuación política dos autodenominados “eurorealistas”. Eu suxeriría as cinco seguintes:

1ª.- Comparten co grupo popular do presidente da Comisión a mesma devocación pola competitividade, polo libre mercado e pola puxanza do capital. Neste marco, non cabe esperar nada disonante do ECR. Mesmo no seu credo, plasmado nos Principios de Praga, a libre empresa e o libre mercado aparecen como alicerces do seu pensamento político. É un dado de moito relevo que tres dos catro grupos maioritarios lle dean a máxima importancia a estas claves políticas.

2ª.- Manifestan un fondo rexeitamento á evolución e ao mantemento das políticas sociais, entendidas como restriccións á liberdade de mercado. Todas as políticas sociais, en particular as desenvolvidas desde o Tratado de Maastricht, deberían desaparecer da axenda dos órganos europeos. E, por suposto, a interpretación dos dereitos colectivos polos organismos internacionais –nomeadamente a OIT e os órganos do Consello de Europa- non debería de ter nada que ver coa Unión Europea. A libre circulación de traballadores ten que ser despoxada de todo concepto de cidadanía para manter a súa esencia de liberdade ao servizo dun mercado común.

3ª.- Coidan que a senlla federalista na que por hipótese se podería orientar a Unión Europea é rexeitable. Comparten a idea de C. de Gaulle da Europa das patrias. A soberanía das nacións debería de ser un principio fundante de primeiro nivel do proxecto europeo. Parten, xa que logo, dun intervencionismo mínimo das institucións comunitarias e dunha redimensión do principio de subsidiariedade, que recobre o seu “xenuíno” papel de dique fronte a sobredimesión da burocracia europea e a súa “intromisión” en competencias nacionais.

4ª.- Constitúen un grupo heteroxéneo en apariencia, pero homoxénero na práctica. Incorporan a alemáns contrarios ao euro e a polacos socio-conservadores que impoñen certa axenda pro-familia, entendida esta na súa traducción máis conservadora. Pero a cerna é a dun grupo liderado polos tories británicos e na que predominan os Estados de novo ingreso na Unión Europea. É o que Bush fillo definiu hai anos como “a nova Europa”, fronte a “vella Europa” de Alemaña e Francia. É dicir, é un grupo que ten como sinal de identidade o opting out das políticas de cohesión política e social. Concédelle á UK un papel de liderado nunha Europa na que os fillos políticos de M. Thatcher se sintan cómodos.

  5ª.- Rexeitan toda tentativa de avance no proceso de integración Europea. Na súa visión, Europa non debería trascender do concepto que da CEE tiña, como moito, a Acta Única Europea.  É como se a súa concepción da Comunidade se prantexara como o negativo do proxecto no que se embarcou desde comezos dos noventa J. Delors.

Nestas coordenadas, seica non son euroescépticos, pero se lles parecen moito. Sen dúbida, non forman parte dos partidos racistas e de ultradereita do grupo “Europa da Liberdade e a Democracia Directa” pero na súa praxe política comparten con eles aspectos programáticos. Pero, o máis grave: como xa advertiu hai máis de vinte anos LORD WEDDERBURN, chegan para quedarse. Non van ser flor dun día. O “eurorealismo” que eles predican sen dúbida que é un principio político que ten moitos potenciais adeptos. Polo de agora, sen dúbida, e por desgraza, van condicionar bastante a axenda do Grupo do Partido Popular Europeo cara ás axendas máis alérxicas das políticas sociais. Pouco cabe esperar, xa que logo, dos vindeiros cinco anos.

27 de nov. de 2014

GOOD FRIDAY AGREEMENT




Hoy he tenido la oportunidad de escuchar a David Trimble. Un hombre admirable por lo que representa, el proceso de paz en el Ulster. No importa si en su vida haya sido más un halcón o una paloma, su legado es el de la paz, como le reconoció ya hace años la academia sueca. Ahora reconvertido de unionista en tory, peer de la House of Lords, poder escucharlo ha sido un auténtico privilegio. Uno no sabe qué hay de especial en la política del Reino Unido, pero sí una voluntad de encuentro y de diálogo que uno echa en falta en los comportamientos autoritarios hispánicos. El desencuentro en lo ideológico –y, además, en lo religioso- que se resuelve con la voluntad del compromiso y de la búsqueda de soluciones desde una democracia radical que uno quisiera para sí mismo y su espacio geográfico.

Se ha referido, como no podía ser de otro modo, al Acuerdo de Viernes Santo de 1998, que puso fin a uno de los conflictos violentos más enquistados que había en Europa. Cómo, con cierta altura de miras, personas de procedencias tan distintas como Gerry Adams, John Hume, Bertie Ahern, Tony Blair o el propio David Trimble fueron capaces de alcanzar la paz. En el caso de Mr. Trimble, con la dificultad añadida de templar las facciones más radicales de los unionistas norirlandeses. No por casualidad años más tarde es un apacible lord conservador, alejado de las filas del unionismo protestante.

En términos generales, habló de su experiencia negociadora, de cómo manejarse políticamente. De que es fundamental la actitud de quien se sienta en la mesa, que sólo vale la de buscar genuinamente un compromiso. Pues en caso contrario, no hay nada que hacer. La postura de destruir al adversario o buscar imponerse no vale. De que las circunstancias importan también, como se puso de manifiesto, tras frustrarse la primera ronda de 1992, con la excarcelación de varios líderes republicanos irlandeses. Pero, sobre todo, se refirió a conceptos de práctica negociadora: el del consenso suficiente entre fuerzas representativas de ambas partes. El de la vocación negociadora como condición suficiente para un abandono de la violencia, pero siempre condicional a que se verifique la posición pacífica del otro. El del reconocimiento de que las negociaciones tienen que ser necesariamente duras.

Los problemas de las presiones sobre los negociadores fueron grandes, reconoció. También que no era suficiente con alcanzar un acuerdo político razonable, porque contaban demasiado los asuntos emocionales. Pero que, en tales situaciones, las cuestiones técnicas eran fundamentales, como lo era un buen ambiente negociador. Y, sobre todo, la asunción de la enorme responsabilidad que tenía cada una de las personas que participaban en el proceso.

Hoy no escuché a un hombre genial, sino a una persona normal, eso sí, dotada de un gran sentido práctico y de una fuerte intuición política. Y, sobre todo, un hombre de profundas convicciones democráticas. Tan lejos como uno pueda estar de su forma de pensar, estaría seguro de que tardaría muy poco en ponerse de acuerdo con él. Cuál fue la base del acuerdo. Algo tan sencillo como el uso de medios exclusivamente políticos y democráticos añadido al principio de la “doble mayoría”: los acuerdos fundamentales deberían asumirse por la mayoría sumada de los representantes de los republicanos católicos y de los unionistas protestantes. Y, como telón de fondo, que el estatus constitucional de Irlanda del Norte vendrá definido por la voluntad democrática de Irlanda del Norte y de la República de Irlanda. Es decir, una suerte de autodeterminación condicionada frente al Reino Unido y a Westminster.


¿Cuánto mejor irían las cosas en nuestro Reino si contáramos en las filas de la derecha con un puñado de Trimbles? Claro que las tradiciones son enormemente distintas. Pero sobre todo, las actitudes. El fue reacio a dar consejos a otros procesos, como el de Israel y Palestina. Sin embargo, reconoció cuánto había aprendido de la reconciliación y el proceso sudafricano, culminado pocos años antes.